Estrés

Podríamos definir el estrés como la percepción negativa de los recursos que posee una persona para hacer frente a una situación determinada que le resulta amenazante o desborda. Si, por ejemplo, una persona tiene que realizar una enorme cantidad de trabajo en muy poco tiempo se sentirá estresada, ya que el recurso que necesita, “tiempo”, no es suficiente para afrontar tal reto.

 

Con frecuencia, las situaciones que desencadenan este proceso requieren de la persona un sobreesfuerzo y una exigencia que puede alterar su bienestar emocional.

 

Pero es importante tener en cuenta que el estrés no siempre suele tener consecuencias negativas, de hecho suele ser necesario. Para algunas personas, determinados acontecimientos pueden suponer un reto y una puesta en marcha de estrategias de afrontamiento a los problemas, lo que a su vez puede favorecer un incremento de autoestima. Sin embargo, para otras, las mismas situaciones pueden desbordarles y empiezan a generar un estado de malestar intenso. La aparición de este estado de malestar depende, entre otras, de las características personales, de la manera en la que evaluamos un acontecimiento y de los recursos que tenemos para hacer frente a las dificultades.

La sintomatología que más común se presentan es la siguiente:

Síntomas físicos:

  • Alteraciones del apetito
  • Nerviosismo
  • Aceleración del ritmo cardíaco
  • Aumento de la sudoración
  • Resfriados frecuentes
  • Problemas digestivos
  • Dolores en general
  • Sensación de fatiga extrema y constante
  • Cefaleas
  • Dolores de cuello y espalda
  • Erupciones de la piel
  • Tensión muscular
  • Dificultades sexuales

Síntomas cognitivos y conductuales:

  • Ansiedad y preocupación
  • Confusión y dificultad para concentrarse o tomar decisiones
  • Reducción del interés sexual
  • Sentirse fuera de control o abrumado por eventos
  • Se siente más letárgico
  • Pensamientos catastrofistas
  • Dificultad para dormir o dormir en exceso
  • Cambios de humor
  • Cambios de conducta: depresión, frustración, hostilidad, irritabilidad…
  • Ingiere más alcohol o fuma más
  • Cambio en hábitos de comida
  • Tendencia a procrastinar y evitar responsabilidades

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