Depresión

De pronto, nos despertamos un día y nos damos cuenta de que no tenemos deseos de levantarnos, que nos pesan los ojos, que la cama es el perfecto lugar de “refugio”… Pero hay que salir, levantarse… Pero no hay ganas… de nada… No queremos ir a trabajar, no queremos ver a nadie, nos falta voluntad… Nos decimos que es un día malo, que nos hemos levantado con el “pie izquierdo”… y lo dejamos pasar… En otra ocasión nos damos cuenta que nos invade una angustia inexplicable y sentimos unas tremendas ganas de llorar… Pero, ¿por qué?… ¿Será depresión?

 

Cualquier cosa es el motivo perfecto para llorar, una palabra, un gesto, algo que nos sucedió…

 

Y ese sentimiento, esa sensación, va creciendo y se hace más fuerte. Cada vez es más habitual sentirnos mal. Esa opresión en el pecho es como una prensa que no nos deja respirar, nos duele… Y solo queremos estar solos/as y a oscuras, que nadie se acerque, que nadie nos vea.

Se van las ganas de arreglarnos, total ¿para qué…? Poco a poco se van las ganas de comer, o por el contrario nos lo comemos todo… Y las noches… se hacen eternas, no podemos dormir, y todos los pensamientos son negativos, terribles, de menosprecio, de culpa, pensamos en las cosas negativas que nos dijeron (o que creímos escuchar), recordamos el mal momento vivido con el/la vecino/a, con las amistades, con la familia… Magnificamos todo, y todo es poco, todo está mal… nosotros/as estamos mal. Y cada vez es peor….

De pronto también nos damos cuenta que hace ya un tiempo, y no sabemos precisar cuándo, nos fuimos alejando de las amistades, de la familia, de los afectos… hay días en que se siente que no se tienen ganas de ver a nadie, de escuchar a nadie, es mejor estar solos/as…

 

Nos va ganado la soledad, pero no sabemos ni podemos estar con nosotros/as mismos/as…

 

Con respecto a los sentimientos, sentimos que nadie nos quiere, que nadie nos entiende, que nadie nos escucha… En ocasiones no tenemos ganas de vivir, ganas de nada, no hay motivaciones…

La depresión afecta al estado de ánimo, al organismo, a la manera de entender nuestro día a día, a la forma de pensar, a la manera en la que nos percibimos y nos valoramos y a las relaciones con los demás. Es importante diferenciarlo de un estado transitorio de tristeza, que puede ser considerado normal ante un hecho traumático o acontecimiento negativo, pero si dicho estado persiste y los síntomas se acentúan cada vez más, puede convertirse en un trastorno depresivo que requiere consultar a un psicólogo especializado en depresión para recibir la terapia psicológica más adecuada.

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